El fútbol no puede ser algo imbécil

 “A raíz del Campeonato Mundial de Fútbol me vi obligado a tomar en cuenta un deporte que para mí era símbolo de una incultura repugnante, un resumen de una civilización con el alma atrofiada.

  No comprendía por qué se daba tanta importancia a que un grupo de patanes diera patadas a una bola de cuero. Creía que era una actividad que desarrollaba la agresión y el patrioterismo, provocaba accidentes mortales en países subdesarrollados, atrofiaba la creatividad espiritual de los niños y servía de excusa a los burócratas para ocultar su vacío existencial llenando sus tertulias alcohólicas con guturales sobre el gol.


  Estaba equivocado. Me dije: un espectáculo al que asisten reyes, presidentes, ministros –que no asisten a inauguraciones de ferias de libros-, un acto que es televisado para que lo vean millones de personas, tiene que tener un profundo significado. No puede ser algo imbécil. Millones de personas más reyes, presidentes, ministros y dictadores no se pegan al televisor así como así.


 El fútbol tiene que significar algo para la humanidad, porque si es un juego sin contenido espiritual entonces esta civilización está demente y la humanidad se deja manipular por comerciantes que esquilman para sus panzas dinero que podía ser utilizado en fines benéficos como hospitales. ¡No, me dije, el fútbol tiene que estar aportando algo a la humanidad!” 

Alejandro Jodorowsk
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