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La educación del futbolista ante su futuro incierto

La lectura en un excelente blog sobre derecho en general http://hayderecho.com/,de un tema relacionado con las leyes, desvió mi atención hacia dos artículos muy interesantes sobre la educación y las vivencias de dos personas relacionadas con el fútbol y su formación relatados por ellos mismos. Como en otras ocasiones, os traslado algo sobre lo que en mi humilde opinión merece la pena detenerse y reflexionar. El antes y el después de un futbolista, el tiempo bien o mal aprovechado y el oro que no siempre reluce y en ocasiones se va antes de tiempo. 

La educación del futbolista profesional (I): la visión de un ex directivo

Ésta es la primera de dos entregas en las que se pretende analizar, desde la óptica de la diferente experiencia que hemos vivido sus dos autores, las carencias en la educación deportiva y personal de los futbolistas profesionales, aunque el tema, mutatis mutandi, podría extenderse también a bastantes otros deportes. Los dos autores, ambos notarios, hemos vivido desde dentro el complejo mundo del fútbol profesional de la Primera División de la Liga española, una de las más importantes del mundo.  Yo mismo, durante varios años, como directivo y portavoz del Consejo de Administración del Real Club Deportivo Mallorca, y Borja Criado, como futbolista profesional en Primera División. A él corresponderá el segundo post de la serie.
Las enormes cantidades de dinero que se mueven actualmente en el fútbol profesional hacen que los Clubes, en su afán de fichar barato para luego poder vender caro, creen redes internacionales de búsqueda de futbolistas en edad infantil, que se extienden por todo el mundo. Si hay hoy en día un mundo global de verdad, ese es el de los ojeadores de futbolistas de los Clubes más importantes del planeta. Pero esa situación tiene una “cara B”, ya que no es oro todo lo que reluce en la búsqueda de las jóvenes estrellas. Al necesitar jugadores cada vez más jóvenes, sean de donde sean, y existiendo un entorno de enorme competencia entre los Clubes más poderosos, se utilizan cada vez más argumentos e incluso triquiñuelas para convencer a las familias de los menores: dinero, oferta de trabajo para los padres, la promesa de una vida mejor en una ciudad del primer mundo….  Ello trae también consigo importantes riesgos y una presión enorme para esos menores, que se convierten de la noche a la mañana en los mantenedores económicos de sus propios padres y del resto de su familia y entorno, con los perversos efectos que eso puede producir en su crecimiento personal y en su educación. Y, además, comporta el riesgo adicional de quedarse literalmente “tirados” si la carrera deportiva del chaval no sale bien.
Compatibilizar la práctica del deporte en un club importante con una adecuada educación es el principal problema de estos jóvenes. Aunque en España existen escuelas tradicionales que han cuidado siempre bastante a los chicos, como la de Lezama del Athletic de Bilbao, o la de Mareo del Sporting de Gijón, o la propia Masía del Fútbol Club Barcelona -por citar las más conocidas- y aunque la mayoría de Clubes más o menos grandes tienen ciudades deportivas e incluso residencias bien dotadas de medios y de personal, en esta materia, como en bastantes otras, los Clubes de fútbol británicos han sido muchas veces el modelo a seguir. Siempre recordaré un reportaje emitido por televisión hace ya un tiempo en el que se explicaba el fichaje del actual jugador del Barça Cesc Fàbregas por el Arsenal de Londres cuando tenía 15 años, y se marchó solo a vivir a la capital inglesa desde su Arenys de Mar natal. Contaba Cesc que el Arsenal le hospedó junto con Phillippe Senderos, otro futbolista suizo-español de su misma edad y hoy jugador del Valencia, en la casa de una señora inglesa que se convirtió casi en la madre adoptiva de ambos, encargándose de su comida, mantenimiento, educación y aprendizaje del idioma, creando tal vínculo personal que Fàbregas continúa visitándola cuando viaja a Inglaterra.  Por supuesto, el Arsenal pagaba una parte del sueldo de Cesc a su “madre inglesa” para su mantenimiento, y enviaba el resto a Arenys de Mar a casa de sus padres  para que el chico no manejara cantidades importantes. Esa hogareña forma de vivir le resultó fundamental para adaptarse a su nueva vida en un país extranjero, y también a las duras exigencias del fútbol profesional. Algo parecido sucedió con Gareth Bale, hoy estrella del Real Madrid, y Theo Walcott, estrella del Arsenal, que compartieron varios años la casa de una señora en Southampton cuando formaban parte de las categorías inferiores de ese ilustre Club del sur de Inglaterra. En el Reino Unido, y también en otros países del norte de Europa, la formación personal de los chicos en un ambiente familiar es un aspecto absolutamente prioritario para los Clubes.
En España, salvo honrosas excepciones, y aunque la cosa va mejorando bastante en los últimos tiempos porque los responsables de muchos Clubes se van concienciando del problema, el panorama no es igual. En el Mallorca, ejemplo de equipo mediano que ha estado dieciséis temporadas seguidas en Primera División, los chicos de las categorías inferiores que eran de fuera solían vivir en varios pisos alquilados por la entidad, bajo la supervisión del personal de la Secretaría Técnica, y comían y cenaban a diario en el bar de un empleado del Club, donde su mujer les atendía, poniendo toda su voluntad, de la mejor manera que podía. Como pueden ver, la situación, sin ser mala, no era la ideal para unos chavales en plena adolescencia. Y por lo que yo conocí, la mayoría de Clubes medianos o pequeños, cuyo presupuesto no alcanzaba para tener una residencia para futbolistas, se manejaban de manera parecida. En cualquier caso resulta muy difícil ser un chico normal cuando desde los trece o catorce años tienes un utillero que te prepara y limpia todos los días tu ropa y tus botas, unos fisioterapeutas y un equipo médico a tu disposición ante la menor molestia, un grupo de empleados del Club que te cambia hasta el móvil o las bombillas, y miles de fans por la calle que casi besan el suelo por donde pisas. Además, aquí los medios de comunicación y el público en general son bastante más “invasivos” de la privacidad de los deportistas. Contaba Fernando Torres que unas chicas adolescentes estuvieron un día durante más de una hora, bajo la lluvia, a las puertas de un restaurante de Liverpool, para pedirle un autógrafo esperando a que acabase de comer con su mujer para no importunarle mientras comía. En esta materia la diferencia con España es abismal. Por ello, en nuestro país, si alguien no se encarga de ponerte cada día en la realidad, la cosa es bastante difícil que salga bien.
El problema de la educación personal y deportiva resurge también en otro momento importante de la vida de estos chicos, que es cuando el fútbol se acaba. ¿Qué hacer entonces? La verdad es que el propio fútbol ofrece algunas salidas para varios de ellos, tal vez los mejor dotados para la enseñanza, la comunicación o la dirección de equipos. Así vemos habitualmente que bastantes ex jugadores se ganan bien la vida al acabar sus carreras como entrenadores, directivos, ayudantes o incluso como comentaristas de prensa, radio o televisión. Pero un buen número de ellos, los menos dotados, conocidos o mediáticos, sufren un importante “shock” al terminar su carrera deportiva, pasando de la fama (ya sea internacional, nacional o local) al ostracismo casi absoluto en cuestión de pocos meses. Sobrellevar esta situación no resulta fácil, y no todos son capaces de hacerlo con normalidad, y algunos ni siquiera con dignidad. Todos hemos conocido casos de ex futbolistas abandonados al alcohol o a la droga, convertidos en “juguetes rotos” de una sociedad que un día les encumbró y luego se ha olvidado de ellos. Y la culpa no es sólo suya. Muchos Clubes, como en el que yo estuve, hacen lo que pueden con la mejor voluntad, tratando de buscarles alguna ocupación -aunque sea modesta- en su organigrama, pero ello no es suficiente. Resulta realmente difícil poner a entrenar a unos chavales, por ejemplo, a alguien que ha estado notoriamente enganchado a las drogas. ¿Qué puede hacerse para evitar esta triste situación?
Por mi experiencia en el mundo del fútbol creo que hay tres factores muy importantes que influyen en esta cuestión:
- El primero, lo que el chico trae de casa. No suele acabar igual un chaval que procede de un hogar normal, aunque sea humilde, pero en el que ha recibido una mínima educación en determinados valores, que el que viene de un ambiente conflictivo o desestructurado en el que el fútbol es la panacea para que unos padres o familiares casi marginales salgan de la miseria. Yo hice bastante amistad con Samuel Eto’o, que llegó a España desde Camerún él solito con quince años un mes de noviembre, vestido con una camiseta y unos pantalones cortos, y con una mochila al hombro por todo equipaje. Y bastante mérito ha tenido saliendo adelante en esas condiciones. Lo consiguió por su enorme talento y su carácter indomable, que sus malas pasadas le jugó en otros aspectos de la vida. Pero eso no es ni mucho menos lo habitual. Para que conozcan ustedes la otra cara de una gran estrella del fútbol, un día, hablando con él, me contó que la mayoría de sus amigos de Camerún que no habían muerto por drogas, enfermedades, leones o pateras vivían en su casa…
- El segundo, el entrenador con el que se encuentran en la adolescencia. Es la persona que más les suele marcar en su desarrollo personal y que tiene una gran influencia sobre los chavales, por lo que aquellos que han dado con uno de los buenos -no sólo en el sentido deportivo del término sino sobre todo en el personal- lo han agradecido de por vida. Luis Aragonés, con el que pude convivir un tiempo en el Mallorca, era todo un maestro para ello, especialmente para los más jóvenes. El propio Eto’o ha declarado siempre, y lo recordó en una emocionante carta que publicó días después de su reciente fallecimiento, que fue para él como su segundo padre. Y eso que las broncas que tuvieron fueron sonadas. Muchos aficionados recordarán el “míreme a la carita” que le gritó a un palmo de la cara el sabio de Hortaleza al indomable camerunés tras haber montado en cólera después de haber sido sustituido en un partido. También recuerdo bien a Dani Güiza, hijo de una familia gitana de Jerez de la Frontera, que llegaba a veces a entrenar en Mallorca y en Getafe con aspecto de “haber pasado la noche debajo de un puente”, como definió gráficamente su entonces entrenador, el alemán Bernd Schuster. Pues ese chico, rodeado del ambiente adecuado, llegó a ser máximo goleador de nuestra Liga e internacional con la selección española. El problema es saber qué habrá sido de su vida al llegar el inevitable declive futbolístico y con él, la protección que, en los buenos momentos, le brindaba su Club…
- Y el tercero, el entorno o ambiente en el que viven y se relacionan a diario. Aquí los Clubes tienen una enorme responsabilidad, como hemos visto que era habitual en Inglaterra, para procurar a los chicos un ambiente familiar y casi hogareño que les aleje el mayor tiempo posible de los riesgos de todo tipo que comporta la vida lejos de casa a una edad temprana y de las tonterías de la fama y el “estrellato”. Serra Ferrer, por ejemplo, en su época de entrenador del Mallorca, hacía concentraciones especiales sólo para los solteros, dejando que los que estaban casados durmieran en su casa. Y un buen amigo, el ex futbolista Jordi Vinyals, actual entrenador del Barça juvenil A, recién proclamado hace pocos días Campeón de la División de Honor española, prohíbe a sus jóvenes pupilos llevar piercings, tatuajes y peinados estrafalarios, e incluso jugar con botas de colores chillones, comportamientos que copian de sus ídolos, las grandes figuras de este deporte.

 Alvaro Delgado Truyols

Nacido el 10 de diciembre de 1963 en Palma de Mallorca. Licenciado en Derecho y Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de las Islas Baleares. Notario por oposición libre (1991) y Notario de Palma de Mallorca por oposición entre Notarios (1995). Ha sido preparador de opositores en la Academia de Madrid, patrono de la Fundación Matritense del Notariado, profesor de la Escuela de Práctica Jurídica del Ilustre Colegio de Abogados de Baleares, miembro del Consejo Asesor de Banca March, y miembro del Consejo de Administración del Real Club Deportivo Mallorca S.A.D. Actualmente es patrono de la Fundación Amazonia, destinada a la atención de los niños de la calle en Bolivia.













La educación del futbolista profesional (y II): la visión de un ex futbolista


Me llamo Borja Criado.  He sido futbolista profesional durante 8 temporadas y he jugado en todas las categorías del futbol español.  Empecé defendiendo la camiseta del Europa C.E. y de ahí salté al Valencia C.F. donde alterné durante tres temporadas el filial y el primer equipo.  Luego estuve dos temporadas en el R.C.D. Español (también con alternancia);posteriormente estuve en el Ciudad de Murcia y finalmente en el Granada 74 (ambos equipos de segunda división).  Me retiré en 2008 y ahora acabo de aprobar las oposiciones a notario.
 Creo poder decir que he encauzado bien mi vida profesional tras mi etapa en el fútbol de élite.  Sin embargo, no siempre ocurre así, e incluso podría decirse que, en muchas ocasiones, la cosa no termina tan bien.  Y como en muchas otras veces, es un problema fundamentalmente de educación, y no sólo en la etapa profesional, sino mucho antes…
 Empezaré exponiendo específicamente mi caso, contando lo que yo viví y explicaré el porqué de algunos comportamientos, dado que es ahí donde radica el germen de todo.  Fiché por el RCD Espanyol con 12 años después de pasar una prueba (venía del equipo del colegio) y pasé del concepto “equipo de barrio” a lo que hoy conocemos como futbol profesional.  Y digo profesional porque no puede denominarse de otra manera y es que entrenábamos 4 días a la semana por las tardes y llegaba a mi casa todos los días no antes de las 10 de la noche.  Con este nivel de exigencia, no daba tiempo ni para hacer los deberes, ni para estudiar ni para otra cosa que no fuera dedicación exclusiva al fútbol.  Es cierto que teníamos que presentar las notas en el club cada trimestre y, salvo alguna excepción, mis compañeros venían con una relación de suspensos importantes.  Ante ello ¿cuál era el comentario de la mayoría de padres? “Mi hijo no sirve para estudiar y a la mínima que pueda lo dejará”.  Dicho y hecho.  El tema de los padres (que son para analizar en un artículo separado) es clave en esta materia, porque todos se creen que su hijo es el “Maradona” de turno y que les va a sacar de la miseria, con lo cual se lo juegan todo a esa carta. A modo de ejemplo, recuerdo como si fuera ayer los entrenamientos que teníamos en la vieja ciudad deportiva del Espanyol.  Por supuesto, todos los padres presenciaban íntegramente el entrenamiento de su hijo.  No sólo observaban, sino que criticaban al otro niño que competía con su hijo por un puesto en el once titular, daban indicaciones  por encima de la figura del entrenador, insultaban a los padres del otro equipo o a los árbitros en los partidos oficiales y otros sinsabores que no vale la pena ni comentar pero que inciden de manera directa en la educación de su hijo.  Yo he oído una frase de un padre que le decía a su hijo de 10 años que me dejó petrificado (era compañero mío): “tienes que lesionar a este chico en un entrenamiento porque juega en tu sitio”.  Con esto creo que uno puede hacerse una idea del nivel de exigencia que hay en edades tan tempranas y que inciden directamente en el desarrollo personal del niño.
 Otro ejemplo impactante: en aquella temporada de infantiles lo ganamos absolutamente todo: primero fuimos campeones de liga; luego vino el campeonato de España (la copa Nike) y posteriormente fuimos campeones del mundo. De aquel equipo de 22 futbolistas que eran campeonísimos, sólo 4 han conseguido tener una carrera en Primera o Segunda División: Jordi Codina (actual portero del Getafe), Albert Crusat (estuvo en el Almería y ahora en Inglaterra), Dani Fragoso (estuvo en el filial del Barça y fue compañero mío en el Ciudad de Murcia) y yo mismo.  Es decir, el  resto son chicos que con 12 años eran los mejores pero que con 20 no tuvieron la suerte de consolidar su carrera.  Si con 15 años dejas de estudiar y luego no vales para el fútbol ¿ahora qué haces? Y la culpa de todo está propiciada por el nivel de exigencia de los clubs y por los padres, ignorantes en algunos de los casos o engañados en los otros.

El autor del post ,en su etapa de jugador del Granada 74
Tras esa primera etapa formativa (que llega hasta los 18 años aproximadamente) llega el momento de la explosión definitiva de todo futbolista (cada uno a su nivel por supuesto).  En ese momento recibí tres ofertas de equipos que querían ficharme y por este orden temporal: el primero en dirigirse a mi padre (no tenía representante porque creíamos que era una figura inútil) fue el F.C. Barcelona y, casi con carácter simultáneo, llegó la oferta del Valencia.  En última instancia llegó una oferta del Mallorca, pero ya tenía un acuerdo verbal con el Valencia (y eso creo que vincula). ¿Por qué el Valencia? Por diversos motivos: primero, porque consideraba que iba a tener mas opciones de jugar con asiduidad en el filial (el del Barça que también estaba en segunda “B” estaba lleno de estrellas como Iniesta, Motta, Babangida, Trashorras, Sergio García, Arteta o Nano); en segundo lugar, porque la opción de llegar al primer equipo es mas asequible en el Valencia; y finalmente, porque mi padre incidió en no cortar bajo ningún concepto con mis estudios en la facultad de Derecho.  Es aquí donde el Valencia me puso todas las facilidades del mundo y no así el Barça.
 Comienza mi aventura en la Ciudad del Turia.  Salvo el periodo estival de pretemporada, el ritmo de entrenamientos de un futbolista profesional es bastante llevadero (por no decir muy llevadero).  Generalmente los lunes descansábamos (reposo después del partido del domingo), aunque en función de las semanas había incluso dos días de descanso (dependiendo de si había Copa del Rey o Champions).  Nuestro horario ordinario era de 10 de la mañana a 1 del mediodía (con alguna tarde esporádica), lo que conllevaba todas las tardes libres.  En mi caso, añadíamos las clases en la facultad.  Es cierto que era un esfuerzo importante, pero yo terminaba de entrenar, me iba al colegio mayor, comía, dormía y me iba a clase a las 4.  Yo no tenía prisa por terminar la carrera, pero era importante no dejarla aparcada porque si no acabaría por abandonarla.  ¿Que hacían el resto de mis compañeros? alguno podía estar terminando el Bachillerato (sí, el Bachillerato), otros trataban de ligar en algún bar, jugar a la Play Station o simplemente hacían vida de casa con sus hijos. Había algún caso aislado como Marchena que estudió turismo u otros que se sacaban el curso de entrenador (sabiendo lo difícil e inestable que es ser entrenador ya que hay 20 equipos en primera y 22 en segunda, es decir miles y miles de futbolistas retirados que compiten por unos escasos 42 puestos).  Recuerdo mi primera pretemporada con el primer equipo cuando tuve una conversación con Salva Ballesta que me gusta reproducir literalmente porque es muy gráfica: yo sabía que él era piloto militar y sabía que eran necesarias muchas horas de vuelo y de dedicación para poder sacarlo y le pregunté cómo lo había logrado y la contestación fue categórica: “hombre, Borja, por las tardes en lugar de irme al Corte Inglés a contemplar a alguna chica de buen ver (dicho finamente) o de comprarme el ultimo reloj de marca con brillantes, pues me voy a volar”.  Tenía toda la razón.
 Yo le preguntaba a otros compañeros del equipo sobre su vida post deportiva y ninguno se preocupaba lo más mínimo de eso.  Respuestas como “ya lo pensaré”, ”yo voy a vivir de rentas” (me río de esa frase porque vivir de rentas es extremadamente difícil si uno quiere mantener su nivel de vida de futbolista), “yo viviré del ladrillo” o ” a mí que me importa, pues me iré poner tochos a la obra” eran algunas de las frases mas repetidas.  De hecho, yo era el rarito del equipo, el que estudiaba, el que hablaba en un lenguaje que muchos no entendían o incluso el pijo, pero debo decir que siempre desde el buen ambiente y sin rencores de ningún tipo.
 Es difícil que un chico se centre en este tipo de situaciones porque con las cantidades que se mueven, incluso en categorías inferiores, ¿cómo va a estudiar un chico que con 18 años gana 6.000 euros todos los meses? ¡Y digo 6.000 cuando podía ser bastante más! Además es un dinero que suele ser limpio, porque en mi caso el colegio mayor estaba pagado y encima cada vez que íbamos de viaje nos pagaban las famosas “dietas” (que hoy en día han desaparecido).  Si a eso añadíamos que nos íbamos de cena a un restaurante de nivel y nos invitaban, nos íbamos de copas al bar de moda y nos volvían a invitar…  Se vive en un mundo donde es difícil mantener la humildad y debo reconocer que en alguna ocasión me daban ganas de sacar el pecho, pero tenia un padre que me pegaba un guantazo con la mano abierta y me lo volvía a meter en su sitio.  Pero no todos tenían un padre como el mío que me recordaba el auténtico valor de las cosas.
 Es aquí donde llega el despilfarro del futbolista.  El dinero que fácil llega, fácil se va.  El futbolista gana cantidades ingentes de dinero por hacer lo que más le gusta y no es consciente de lo que valen las cosas.  Voy a poner dos ejemplos de locura supina: en el Valencia había un portero que ganaba al año 60 millones de pesetas (360.000 euros).  Pues el primer año se gasto 50 millones un Porsche 911 Turbo.  No se dio cuenta de que lo que ganaba no era limpio (eran cantidades brutas) y tuvo que pedir un crédito al banco para pagar los impuestos correspondientes del ejercicio impositivo.  De locos.  El segundo ejemplo fue un día que salimos de fiesta estando ya en Granada.  Un compañero nos invito absolutamente a todo ese día, tanto a la comida, a las copas de la tarde, a la cena y a las copas nocturnas, total 6.000 euros.  Por mucho dinero que ganes si vas a este ritmo no hay tren que lo pare.
Pero todo se acaba ¿Qué ocurre cuando se acaba la vida de deportista de élite? En la mayoría de casos se busca alguna vinculación con algún club (sea en la secretaría técnica, entrenando sea a nivel profesional o en categorías inferiores o incluso de ojeador).  Pero estos puestos son tremendamente inestables porque dependes de un organigrama y de una directiva, ya que cuando hay cambio de presidencia y junta directiva, los entrantes suelen traer a “su gente”.  Otra opción es introducirte en el mundo laboral, cosa muy complicada porque, aunque hayas sido futbolista de élite, eso no te sirve en el mundo empresarial-laboral como regla general.  Es cierto que el fútbol tiene muchísimas cosas positivas, que ayuda a la formación de la persona y unos valores fuertemente arraigados tales como el sacrificio, el aprender a compartir, el competir, el perder el miedo, te enseña a lidiar con situaciones de estrés o tensión y te hace madurar a un ritmo vertiginoso.  Todo ello ayuda en la formación personal pero no en lo profesional.  Como solución interesante, hoy en día la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), consciente de esta problemática ha ideado un sistema (no solo en el ámbito de la preparación laboral si no también sociológicamente) que ayuda al futbolista a asumir su nuevo papel en sociedad y que el cambio no sea tan traumático, pero sigo pensando que es importante combatir esta precariedad desde su raíz, desde el origen, es decir, desde las categorías inferiores.
En mi caso fue difícil dejar el fútbol a una edad tan temprana (27 años), pero me tocó vivir la cara oscura de este deporte tan apasionante.  Ya había vivido lo que quería como futbolista y era consciente que mi vida estaría en otro ámbito y el reto de la oposición a notarías fue mi motivación y mi objetivo.  Con un poco de esfuerzo y sacrificio uno puede conseguir prácticamente todo lo que se proponga. 

 Borja Criado Malagarriga

Ex futbolista profesional durante 8 temporadas, ha jugado en todas las categorías del futbol español. Militó en primera división en el Valencia. C..F. y el R.C.D. Espanyol, y en segunda en el Ciudad de Murcia y el Granada 74. Retirado en 2008, en la actualidad es notario.



- Por: José M - Artículo: La educación del futbolista ante su futuro incierto
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