22 marzo 2011

EX-ARBITRO DE VALLADOLID REFLEXIONA SOBRE EL FÚTBOL ACTUAL Y SU ENTORNO

El fútbol de Valladolid y, en general, el deporte de la ciudad, no se reduce a los equipos de élite. Cada semana miles de niños y mayores, de manera casi siempre anónima, ponen ilusión y ganas en múltiples recintos deportivos. Aún recuerdo con cariño mi infantil época de jugador de fútbol sala en el equipo del colegio. Al hacerlo, me vienen a la mente decenas de sábados madrugando, aguantando frío y padeciendo instalaciones no siempre óptimas. Todo esfuerzo era poco para poder jugar unos pocos minutos y sentirme futbolista. Poco importaba pasar la mayor parte del encuentro en el banquillo si mis amigos estaban cerca. Lógicamente de aquellos años he aprendido cosas que me acompañarán toda la vida: compañerismo, deportividad, sacrificio..., aspectos que todos deberían inculcar a un hijo pero que, con el deporte, los niños aprenden de manera más jovial.
Eran tiempos donde nuestros problemas se reducían a ganar al equipo del centro de al lado, años donde nuestro míster era admirado por educarnos como un profesor más.
Con el tiempo, mis sueños por ser un deportista profesional se limitaron a la típica 'pachanga' semanal. Por el camino, cambié las botas por el silbato y tuve tiempo de conocer el deporte base desde otro punto de vista, el de un árbitro. Durante esos meses observé con desencanto cómo muchos de aquellos niños que disfrutaban simplemente jugando, ahora priorizan otras cosas. Son chavales preocupados por vestir un brazalete, calzar las deportivas de moda o imitar los gestos de una estrella.

En aquella época también tuve que soportar numerosos insultos que no mermaron mis ganas por seguir disfrutando del fútbol. Finalmente, tras una agresión por parte de un técnico que acabó en los juzgados, me desvinculé de este apasionante mundo. Esta incursión me permitió conocer que los árbitros, ahora excompañeros y sobre todo personas, solo quieren seguir disfrutando del fútbol y, de paso, obtener una mínima recompensa económica. Los colegiados se dedican, aunque a veces no lo creamos, a hacer su necesaria tarea como mejor saben. Son niños grandes que pitan lo que ven y que quieren sentir cada jornada el cosquilleo de volver a pisar una cancha. En este juego también los mayores, padres y entrenadores fundamentalmente, tienen un papel importante: inculcar entre los pequeños el respeto. Por el contrario, ofender, fomentar una rivalidad extrema o trasladar sueños frustrados hacia un niño, deben ser ejemplos a evitar. Los responsables de los chavales no pueden impedir que estos sueñen con ser Messi y se olviden de que en su ciudad también hay jugadores profesionales. Es triste, pero puedo comprender que hoy día los chavales imiten a Cristiano y no a un jugador local. Lo que se hace más necesario es que aquellos valores que hace no mucho estaban asociados al deporte, comiencen a recuperarse. Solo entonces conseguiremos evitar incidentes como los que tristemente cada semana ocupan muchas páginas, las cuales deberían ser para cientos de deportistas y educadores anónimos. Fuente: EL NORTE DE CASTILLA. Autor: TONY POLA.

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