Cuatro de la tarde de un miércoles. Barreiro se prepara para acoger un amistoso entre el Celta y el Ourense. Más que un partido de exhibición, era el día de Borja Oubiña. El capitán del conjunto celeste volvía a sentirse hoy futbolista. El brazalete regresaba a su dueño El aspecto de Barreiro era como si de un partido oficial se tratase. El celtismo tenía ganas de ver al único superviviente de la época dorada del club. El resultado era pura anécdota. El Ourense se adelantaba a los pocos minutos gracias a una jugada a balón parado. El centro chut daba en la madera y justo después en la espalda de Yoel. Jugada desafortunada para los locales. Pero la grada no miraba al marcador. El protagonista estaba en el centro del campo. El mediocampo celeste volvía a presumir de ese primer toque único que tienen algunos privilegiados como Oubiña. Está verde. Todavía le queda para recuperar el estado de forma que tuvo hace años, cuando la Premier League y otros equipos punteros de la Liga se peleaban por su calidad. Precisamente esto último, la clase, es un tesoro que todavía posee. Oubiña, al igual que Papadopoulos, fueron los jugadores del primer equipo que jugaron más minutos. El canterano y el ariete heleno se retiraron mediada la segunda mitad. En la sustitución, el brazalete de capitán pasó de Borja a Jota. Presente y futuro se daban cita sobre el césped de Barreiro. La perla de A Pobra do Caramiñal, hoy con el "18" a la espalda, revolucionó el segundo acto. Anotó el tanto del empate en los últimos minutos de partido y nutrió de buenas asistencias a las dos nuevas caras de la delantera de la cantera de A Madroa: Sergio, que está de prueba, y Eric Wardem, reciente incorporación del Celta Juvenil. FARO DE VIGO, FOTO LA VOZ DE GALICIA.
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