Se supone que se puede igualar a una comunidad, por medio de leyes, decretos y normas. Que sacando a unos y entregando a otros, se nos ayuda a evolucionar. Nada más alejado de la realidad. Esos mecanismos, solo consiguen desestimular a los talentosos y paradójicamente también a los menos hábiles, ya que así, tampoco precisan de incentivos para progresar, para superarse. Después de todo, algún Mesías, se ocupará de darles lo que no son capaces de conseguir por si mismos. Pero en este caso, con el agravante de tratarlos indignamente como verdaderos incompetentes e inútiles, rebajándolos a la deshonrosa categoría de mendicantes de favores. Debilitan así su desgastada autoestima para condenarlos eternamente a la frágil e indecorosa posición de parásitos sociales, esos que a partir de ahora dependerán exclusivamente de la dádiva clientelista del mandamás de turno. Eso ocurrirá, claro está, cuando el poderoso decida otorgarle esa limosna. Antes se ocupará de esquilmar a algunos, esos que producen y generan riqueza a su alrededor, para poder concretar su generosa acción popular.Ese mecanismo, que aparentemente goza de una impunidad sin igual en el planeta, parece haber venido para quedarse. Se trata de prácticas que celebran políticos y votantes al unísono. Diera la sensación, que cierto sector de la humanidad está dispuesto a bajar los brazos definitivamente, para vivir de lo que otros generen, para dejarse humillar por los que se han empeñado en demostrarle su demostrada incapacidad, como una fotografía estática de ese presente inmutable e inmodificable.
Ninguna ley funcionará como los políticos y muchos ingenuos ciudadanos suponen. Las normas podrán saquear a unos para regalar a otros, pero no crearán talento allí donde este está ausente o simplemente dormido. Tampoco generarán creatividad, en ese espacio en el que ellos mismos se ocuparon de apagar la voluntad.
Esos atributos, la creatividad, el talento, la perseverancia, el esfuerzo, la capacidad, el esmero, no son solo cuestiones innatas, las más de ellas se desarrollan y se logran solo cuando se atraviesan momentos difíciles, verdaderas crisis, situaciones que requieren de retos frente a los escollos que nos propone siempre el presente.
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